¿Por qué pañales de tela?

Economía

Los primeros años de vida de nuestros bebés, requieren muchos cambios de pañal. Si utilizamos pañales desechables, invertimos una gran cantidad de dinero, en cambio con los pañales de tela solo necesitamos hacer una inversión inicial. Siempre y cuando se cuiden, pueden ser usados una y otra vez, incluso por los hermanos.

Diseño
Hoy en día existen una gran variedad de modelos, con dibujos, lisos, de colores… Puedes elegir el que más te guste, combinar con la ropa, dejarlos simplemente con el pañal cuando hace calor. Cuando se hacen un poco más mayores pueden elegir ellos mismos sus preferidos.

Salud
Los pañales de tela no tienen compuestos químicos nocivos. Muchos pañales desechables liberan sustancias tóxicas para la salud (el etilbenceno, el xileno y el dipenteno, entre otros). Permiten la circulación del aire, así la piel puede transpirar, lo que acaba por evitar rozaduras y alergias. El concentrado de amonia que se produce en la orina y la materia fecal son responsables de otro tipo de alergias.

La pulpa que se utiliza para fabricar un pañal desechable es blanqueada con cloro, que produce dioxinas, lo cual puede causar efectos inmunotóxicos, daño al hígado, problemas en la piel, cambios en la regulación endocrina y disminución en la vitamina C. Además, los bebés aprenden más rápido a ir al baño, ya que aprenden antes a diferenciar entre lo húmedo y lo seco.

Ecología y Sostenibilidad
El uso de pañales de tela, ayuda al medio ambiente, ya que se pueden lavar y reutilizar. Los pañales desechables necesitan toneladas de árboles y compuestos de petróleo para fabricarlos además del consumo de energía y agua. Además, para que la naturaleza pueda degradar los pañales desechables es preciso que transcurran 500 años.

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Las fibras naturales aumentan su absorbencia a medida que su uso aumenta, y con él los lavados. Notarás que están al tope de su absorbencia en torno al quinto lavado. Eso ocurre con el bambú y el algodón, por ejemplo. El cáñamo es un caso aparte, y a no ser que el fabricante indique que sus productos está prelavados, hay que lavarlos aparte de los demás pañales al menos cinco veces con sus correspondientes secados. El motivo es que esta fibra vegetal contiene aceites naturales que no terminan de salir del tejido hasta pasados los primeros cinco usos. Si se lavan con otros pañales, los aceites que desprende el cáñamo se fijan en los forros polares de los pañales rellenables, lo que es causa de fugas.

Los secados intermedios no deben obviarse, ya que permiten que el tejido adquiera un buen comportamiento mecánico y sus fibras se esponjen y se preparen para absorber correctamente. Sin los secados intermedios, el proceso se alarga el doble en el tiempo.

Si quieres usar un pañal de fibra natural desde el primer día puedes hacerlo, pero ten en cuenta que puedes sufrir escapes, que terminarán cuando las fibras estén preparadas del todo.

Pues no, poniendo media tacita de café de vinagre blanco en el cajetín del suavizante, logramos disminuir la dureza del agua y que el aclarado sea más efectivo. O que el lavado sea más eficaz, si el vinagre se añade en el tambor de la lavadora al comienzo del programa de lavado. Pero más cantidad puede afectar a los tejidos delicados, como el bambú. Así que la prudencia en su uso debe imponerse y no hacer de él un recurso continuo, sino de uso ocasional, si se trata de pañales de fibra sintética o bambú.

En un cubo con tapa, en el cuarto de baño o en las cercanías de la lavadora, si te es más cómodo.

No es necesario almacenarlos en agua, porque algunas fibras o tejidos sufren decoloraciones, malos olores o deterioros a causa del remojo. Cada vez menos fabricantes recomiendan el almacenaje en agua, prefiriendo indicar un enjuague ligero con agua y escurrido posterior para guardarlos en el cubo.

Debes separar los insertables de los pañales rellenables, ya que no es conveniente lavarlo todo junto.

Pues hay varias opciones: nueces de lavado, que generan residuos absolutamente biodegradables al tratarse de un producto vegetal; detergentes, que tanto pueden ser los convencionales de toda la vida, como ecológicos. En estos dos últimos supuestos, deben elegirse los que no tengan perfumes, ni protectores del color, ni enzimas, ni zeolitos, ni jabón natural. Los que mejor funcionan son los líquidos; si hablamos de marcas concretas Klar o Sonnett son opciones eficaces. Actualmente algunas marcas como Rockin Green nos ofrecen productos específicos para la limpieza y tratamiento de los pañales.

Es recomendable que los pañales se laven con la menor cantidad efectiva posible de detergente, lo que suele ser un tercio de la dosis mínima recomendada para aguas blandas. Esta dosis es igualmente efectiva incluso en aguas duras si se contrarresta adecuadamente la cal del agua. Si te cuesta atinar a la primera con la cantidad justa, ve reduciendo hasta que veas que al lavar sale poca espuma de los pañales mientras se están lavando.

Nunca uses suavizante ni productos grasos para el cuidado de la ropa -como jabón tradicional-, ya que las moléculas grasas se fijan en el tejido y dificultan la absorción del líquido, con el lógico riesgos de que sufras fugas, especialmente en pañales rellenables o con forro interior de polar (poliéster). En los pañales tradicionales de gasa, o de algodón no suelen presentar problemas, y en caso de que necesites utilizarlos en otro tipo de pañales, por ejemplo en el caso de manchas puntuales, hazlo siempre en cantidad mínima y aclarando muy bien posteriormente.

Usa un programa largo -pero sin prelavado- que te permita incluir un aclarado extra; esto es muy importante, ya que cualquier resto de jabón o amoniaco puede irritar la delicada piel del bebé.

Es importante verificar si nos encontramos en una zona de agua duras o blandas, para dosificar adecuadamente el detergente, ajustar la mínima temperatura efectiva del agua o usar algún producto que nos permita rebajar la dureza del agua y sus efectos en los tejidos. Para ello, bastará con dirigirnos a la compañía municipal de agua y solicitar un informe de las cualidades del agua en el municipio. Normalmente, se facilita gratuitamente y sin problemas a cualquier abonado que lo solicite.

La dureza del agua consiste en la presencia de carbonatos o sulfatos minerales, que tienden a adherirse a los tejidos, endureciéndolos y haciéndolos más rasposos.

La presencia de estos compuestos en el agua puede contrarrestarse con el uso de productos complementarios a los habituales de lavado. Ablandadores del agua o vinagre de vino común son los más habituales, y se añaden tanto al principio del lavado, para ayudar a que el detergente trabaje bien, o al final -en el último aclarado- para eliminar restos de jabón y cal que hubieran podido quedar en el pañal.

Si vives en una zona de agua dura, te interesará saber que algunas fibras naturales, como el bambú o el algodón ecológico, permanecen más suaves que otras con el paso de los lavados en aguas duras. Los pañales rellenables también son una opción excelente, aunque notarás los insertables de cáñamo muy tiesos tras los secados.

El tipo de tejido también influye: el tejido “terry” (o de rizo tipo toalla) es muy proclive a atraer los sulfatos minerales, que quedan enganchados en los rizos que forma el tejido (lo que por otra parte hace de éste un tejido muy absorbente y por tanto, muy apreciado en el mundo de los pañales). La franela y el terciopelo resisten mucho mejor el lavado con aguas duras, lo que hace que sigan suaves después de mucho tiempo de uso.

Puedes usar forros -los hay de dos tipos, lavables de polar fino o desechables de celulosa- para que sea más fácil retirar las cacas o, cuando se trata de cacas de lactancia materna, pasar el pañal bajo el chorro de la ducha para quitar lo mayor. Hay gente que prefiere usar un cepillito viejo destinado sólo a este fin para sacar lo que no sale con el chorro de la ducha.